Existía una época en la que las empresas organizaban grandes conferencias de prensa para explicar sus millonarios beneficios, cuando los bancos competían para saber cuál de ellos se había embolsado más clientes y en la que los ricos no tenían ningún problema en hacer ostentación de su dinero. En cambio, sus organizaciones funcionaban como centros opacos y alejados de la opinión pública. Sus clientes, consumidores o usuarios, sabían mucho sobre el dinero que ganaban estas empresas pero muy poco sobre su funcionamiento interno.

Es una de las cosas que esta crisis, que todavía padecemos, se ha llevado por delante y, quizá, de forma definitiva.

La comunicación empresarial ha dado un giro de 180 grados. Las organizaciones han de ser cada día más transparentes y abiertas para poder ser mejor valoradas por los consumidores. Aquellas que viven encerradas en su mundo endogámico corren el riesgo de ser rechazadas por la sociedad. El público, exigente y responsable, ansía conocer muy bien todo lo que compra, necesita o consume, antes de adquirirlo. Las redes sociales, como no, actúan de vacuna contra la opacidad. Es muy sencillo: o la propia organización se explica como ella quiere o vendrá alguien externo y lo explicará como quiera.
Es decir, o construyes tú mismo el relato o no te quepa la menor duda, alguien lo va a construir por ti.

Por Jordi Juan
Director de Vitamine