“El diálogo es la herramienta más preciada de una empresa que quiere mejorar.” 

A. Brandolini

Buena parte de las empresas tiende actualmente a preocuparse mucho más por su imagen externa (público objetivo, cliente potencial, medios de información: la galería, vamos) que por el buen funcionamiento de la comunicación interna entre sus miembros.
En general, este tipo de comunicación suele ser descendente -de los directivos hacia los empleados- si bien el escenario óptimo pasaría por una relación bilateral y horizontal, con el diálogo como principal herramienta. El diagnóstico requerirá un exhaustivo estudio por parte de expertos ajenos a la compañía que propondrán los canales más adecuados.
Y, en todo momento, los empleados deberán estar al corriente de lo que ocurre en su empresa antes de que una mala noticia, por ejemplo, trascienda a los medios o se filtre en las redes sociales, incontrolables por su vertiginosa propagación.
Gran peligro, pues será la propia compañía la que se verá afectada y también sus directivos: críticas en Facebook y Twitter a mansalva, desprestigio de la marca, pérdida de confianza de usuarios / consumidores y empleados, lo que puede desembocar en una disminución de ventas de bienes o servicios.
Acordaros del ‘Yo no soy tonto’, motto de Media Markt, aunque sacado de contexto para este post. Algunos directivos no se dan cuenta de ello, pero no olvidemos que los trabajadores de una empresa son sus principales embajadores. No les subestimemos: el boca-oreja es extremadamente potente. Un día puedes tener un cliente fiel y al siguiente, perderlo.

Hay gente que habla que puede persuadir y puede cambiar realidades solo con la palabra.

A. Brandolini

Aquí os dejo un elocuente vídeo:

Marta Albiñana