Últimamente está proliferando la oferta de cursillos para formarse como Community Manager y son muchos quienes, ante la precaria situación laboral, se lo platean como una salida profesional. Es cierto que se trata de un perfil muy demandado en estos tiempos, pero es igualmente cierto que un Community Manager no va a formarse por el hecho de asistir a un cursillo on line de 20 horas promocionado a precios irrisorios en cualquier plataforma de venta grupal.
Para convertirse en un buen Community, además de poseer amplios conocimientos técnicos sobre las plataformas, permanecer en constante reciclaje y formación (en las redes sociales las cosas cambian en cuestión de días) y conocer bien el sector y la actividad de la marca para la que se trabaja (todo ello aptitudes que pueden aprenderse), hay que disponer de ciertas actitudes que no se aprenden, sino que se tienen o no se tienen.
Nos ha gustado esta infografía que recoge los principales rasgos de un buen Community. Incluye ciertas actitudes fundamentales como por ejemplo la de ser crítico con la marca y con las opiniones externas de los usuarios, contar con la capacidad de humanizar y acercar la marca a través de unas buenas dotes comunicativas y, sobre todo, tener claro que las redes sociales han permitido entender la comunicación de manera que el usuario pueda recuperar el papel activo que los medios tradicionales le han arrebatado durante mucho tiempo.
Lo que nos gustaría dejar claro es que el Community no es “ese que no trabaja y se pega todo el día con el Facebook” sino que si hace bien su labor se trata de un profesional muy bien formado y especialmente capacitado. No es lo mismo un Community Manager que el conocido Sobrinity Manager, ese familiar que “hizo un curso el verano pasado y, como es joven y está todo el día pliki pliki con el móvil, sabe cómo va esto del Twitter y del Instagram”.

Por Helena Abellán

Community manager