El resultado de las últimas elecciones europeas ha supuesto un terremoto con la eclosión de nuevas formaciones políticas muy alejadas del estereotipo tradicional. El tiempo dirá si estas elecciones marcarán una inflexión o no en el panorama político y si los viejos partidos que han dirigido España desde la Transición se sabrán sobreponer a este gran batacazo electoral.

Todo el mundo está de acuerdo en que algo se está moviendo no sólo en nuestro entorno ya que este fenómeno es generalizado en toda Europa. Donde en cambio no hay tanto consenso es en cómo estas formaciones han logrado ganar popularidad y han conseguido influir en la opinión pública para que les vote. Estos días hemos podido leer y escuchar muchos comentarios sobre la influencia de las tertulias de televisión y cómo un asiduo a las mismas como Pablo Iglesias ha conseguido un resultado extraordinario con su partido, Podemos. Sorprende que se le trate de menospreciar con este hecho cuando seguramente hay muchos más tertulianos del PP o del PSOE y, sin embargo, estos dos partidos han perdido cinco millones de votos. ¿Estamos ante un fenómeno televisivo o estamos ante un buen uso de las redes sociales por parte de su partido? Me inclinaría totalmente por este segundo punto, sin discusión. No es baladí que Pablo Iglesias tenga hoy más de 424.000 seguidores en su cuenta de Twitter y tenga una presencia muy activa y consecuente en esta red. Pablo Iglesias y su Podemos no fueron apenas mencionados en los medios de comunicación tradicionales y, sin embargo, miles de ciudadanos confiaron su voto en ellos.

En mi opinión estas elecciones sí que han supuesto la absoluta confirmación que las redes, y especialmente Twitter, están influyendo de forma muy decisiva en la opinión de los ciudadanos. Los medios tradicionales ya hace tiempo que se han dado cuenta y abocan su información aquí con la intención de influir también y no quedarse fuera del nuevo fenómeno comunicativo. De la misma forma, los viejos partidos políticos, los de toda la vida, tienen que estar presentes en Twitter, pero no lo pueden hacer revestidos de sus viejos y periclitados sistemas de comunicación. Tienen que llegar de forma diferente. Ahora, lo tienen que hacer con transparencia, rigor, exactitud y sinceridad. Se ha acabado el tiempo en que se podía tener controlada la información con una buena red de contactos en los medios. Hoy, los errores se pagan caros y la mala praxis política queda retratada al minuto uno. Aquellos que sepan adaptarse a los nuevos tiempos serán los futuros líderes. Que a nadie le quepa ninguna duda.

Jordi Juan